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viernes, 27 de febrero de 2026

TDAH en prisión: la epidemia silenciosa que España sigue sin mirar.



Tricornios en Democracia. José Carlos Piñeiro. josecarlosperiodista@gmail.com


En las cárceles españolas hay una realidad que no aparece en los informes oficiales, que no se menciona en los debates parlamentarios y que rara vez ocupa titulares: un número significativo de personas privadas de libertad cumplen condena sin que nadie haya detectado —ni mucho menos tratado— un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que condiciona su conducta, su capacidad de autocontrol y su trayectoria vital. Es una epidemia silenciosa, profundamente incómoda para un sistema penitenciario que sigue funcionando con categorías del siglo pasado.


La evidencia científica internacional es contundente: la prevalencia del TDAH en población reclusa es entre cuatro y diez veces superior a la de la población general. No hablamos de un matiz clínico, sino de un factor estructural que atraviesa la biografía de miles de internos. En España, sin embargo, la ausencia de cribados sistemáticos, la falta de formación específica y la precariedad de los equipos de salud mental convierten este trastorno en un fantasma que nadie nombra, pero que condiciona la vida penitenciaria de forma decisiva.


Cuando el TDAH no diagnosticado se convierte en delito.


El TDAH no tratado no es una excusa, pero sí es una explicación. Impulsividad, dificultad para anticipar consecuencias, baja tolerancia a la frustración, tendencia a la desorganización y a la búsqueda de estímulos… Son rasgos que, en contextos de vulnerabilidad social, pueden convertirse en un cóctel perfecto para la cronificación del conflicto con la ley.


Muchos internos llegan a prisión tras una vida marcada por el fracaso escolar, la estigmatización temprana, la expulsión de los circuitos educativos y laborales, y una cadena de decisiones impulsivas que nunca fueron comprendidas como síntomas. El sistema penal aparece entonces como la primera institución que “pone orden”, pero lo hace tarde, mal y sin herramientas clínicas.


El agujero negro del diagnóstico penitenciario.


En España no existe un protocolo estatal obligatorio para detectar TDAH en el ingreso penitenciario. La evaluación depende de la voluntad, la formación y la disponibilidad de los equipos Educativos clínicos de cada centro. En la práctica, esto significa que miles de personas cumplen condena sin que nadie haya explorado si su conducta está mediada por un trastorno neurobiológico perfectamente tratable.


La consecuencia es doble: Se castiga como mala conducta lo que en realidad es sintomatología. Se pierde la oportunidad de intervenir terapéuticamente y reducir la reincidencia.


La paradoja es brutal: el Estado invierte millones en seguridad, pero ignora un factor clínico que podría disminuir la conflictividad interna y mejorar la reinserción.


TDAH y reincidencia: el dato que nadie quiere mirar.


Los estudios europeos muestran que el tratamiento adecuado del TDAH en prisión reduce de forma significativa la reincidencia. No es magia: es neurociencia aplicada a la justicia. Cuando un interno recibe medicación adecuada, intervención psicoeducativa y apoyo estructurado, mejora su capacidad de autocontrol, su adherencia a programas de reinserción y su estabilidad conductual. En España, sin embargo, seguimos atrapados en un modelo punitivo que confunde disciplina con rehabilitación y que considera la salud mental un asunto secundario. El resultado es un círculo vicioso: internos con TDAH no diagnosticado que acumulan sanciones, pierden permisos, fracasan en los programas y salen a la calle exactamente igual —o peor— que cuando entraron.


La responsabilidad ética del Estado.


Un sistema penitenciario democrático no puede permitirse ignorar un trastorno que afecta a un porcentaje tan elevado de su población. No se trata de “medicalizar” la conducta delictiva, sino de reconocer que la salud mental es un derecho humano, también tras los muros. Y de asumir que la reinserción no es un eslogan, sino una obligación constitucional.


España necesita: Cribados sistemáticos de TDAH en el ingreso penitenciario. Equipos clínicos formados y suficientes. Tratamientos continuados y coordinados con la red sanitaria exterior. Programas específicos de intervención psicoeducativa y regulación emocional. Investigación pública que cuantifique la prevalencia real en nuestras prisiones.


No es una cuestión técnica: es una cuestión de justicia. Una democracia se mide también por cómo trata a quienes no ve.


El TDAH en prisión es un espejo incómodo que revela las grietas de nuestro sistema penal. Habla de desigualdad, de abandono institucional, de diagnósticos perdidos y de vidas que pudieron ser distintas. Habla, en definitiva, de un Estado que aún no ha entendido que la salud mental no es un lujo, sino un pilar de la convivencia democrática. Mientras no asumamos esta realidad, seguiremos llenando celdas con personas que necesitaban tratamiento antes que castigo. Y seguiremos llamando “seguridad” a lo que, en el fondo, es ceguera institucional.

martes, 26 de febrero de 2019

Investigadores españoles quieren hacerle 'jaque mate' al TDA


Hilario y su equipo están desarrollando una App para jugar al ajedrez para personas con el trastorno.

El ajedrez puede ser una buena terapia para los niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), tal y como afirma Hilario Blasco Fontecilla, psiquiatra de la infancia y adolescencia en el Hospital Puerta de Hierro, quien, junto con su equipo, quieren hacer 'jaque-mate' al trastorno. Para ello, están desarrollando una app basada en este juego que sirva para la rehabilitación cognitiva.

'Jaque Mate al TDAH' es un proyecto con una vertiente socio-educativa dirigida a mejorar la visibilidad del Ajedrez como una herramienta transversal que facilita diferentes procesos educativos (por ejemplo, mejoría en matemáticas) y sociales (por ejemplo, inclusión social de población marginada, como por ejemplo etnia gitana o menores tuteados). 

Los beneficios del ajedrez ya los han demostrado en 2016, cuando Blasco y el resto del equipo publicaron un estudio, con 44 participantes, en los que corroboraban su eficacia como tratamiento para el trastorno. 

Nada contradictorios 


Aunque, a priori, el ajedrez pueda parecer un juego algo contradictorio para personas con déficit de atención, Blasco asegura que es todo lo contrario: "Antes se creía que eran contraproducentes. Pero no. El ejemplo está en que si una persona tiene dislexia, con dificultades para leer, no se le dice que no lo haga. Pues con el ajedrez y el TDAH ocurre lo mismo".

Eso sí, matiza que tiene que ser con un control profesional. "Es importante que si se usa el ajedrez en un contexto terapéutico sea bajo supervisión de un psiquiatra o de unpsicólogo. Es muy demandante a nivel cognitivo. Por ejemplo, en el TDAH hay mucha comorbilidad con la epilepsia, y uno de los hallazgos más consistentes del trastorno es que puede precipitar crisis epilépticas por el esfuerzo cognitivo. Eso quiere decir que si vas a usar el ajedrez en un contexto terapéutico, no puede hacerlo cualquiera. Tiene que ser con personal sanitario y eligiendo el momento adecuado".

Ahora, están pendientes de publicar una revisión sistemática del uso del ajedrez como rehabilitador cognitivo. También están desarrollando una aplicación informática basada en este juego. "En el futuro, queremos hacer un estudio testando la aplicación y el ajedrez tradicional, para ver cuál de los dos puede ser más eficaz en niños medicados y no medicados, y ver si tiene un efecto terapéutico", explica. A tenor de los prometedores datos que obtuvieron en 2016, espera que sea así.  

Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.